“Pero es una decisión.
Una decisión que requiere compromiso contigo mismo.”
“Pero es una decisión.
Una decisión que requiere compromiso contigo mismo.”
No estamos en este mundo para aguantar, resistir o sacrificarnos.
Nuestras creencias pueden condicionarnos, pero no definirnos.
¿Te has detenido a reflexionar sobre los juicios que aún te someten?
¿Te has tomado el tiempo para identificar qué te impide confiar en ti mismo y en los demás?
El miedo a decepcionar a otros, la falta de amor que alguna vez sentimos y los juicios ajenos sobre nuestro cuerpo siguen afectando nuestro presente.
Lo mismo ocurre con el sufrimiento que vimos normalizado y permitido por quienes nos rodeaban.
Estas y otras experiencias están en el origen de muchas de nuestras creencias.
Y mientras no estemos dispuestos a mirarlas con honestidad, seguirán limitando nuestra capacidad de ser, producir y relacionarnos.
Sin embargo, podemos elegir de nuevo.
Podemos decidir un nuevo camino, una nueva forma, una nueva realidad.
Tenemos el derecho divino y la capacidad humana de decir: «¡Basta! ¡Me equivoqué!».
«No voy a sostener este dolor ni a extender este sufrimiento».
Salvarme a mí fue lo que me llevó a buscar una forma distinta de ver la vida.
De niña me sentí muy sola y poco comprendida. Era muy sensible al dolor de los demás y cargaba con responsabilidades que me sobrepasaban.
Ahí nació mi deseo de comprender el origen de la conducta humana, de encontrarle sentido a las emociones, al sufrimiento y a las relaciones.
Quería reparar al mundo. Quería corregirlo.
En mi intento de lograrlo, leí incontables libros, fui a muchísimos cursos y me capacité en distintas especialidades.
Hoy lo agradezco. Aprendí mucho y conocí autores memorables, pero, siendo honesta, nada de eso me dio verdadera paz ni verdadero entendimiento.
Esa paz y ese entendimiento solo pude encontrarlos a través de las enseñanzas, los principios, la lógica y la práctica de Un Curso de Milagros.
Fue el Curso el que finalmente me permitió unir las piezas del rompecabezas.
Fue el que me ayudó a comprender el verdadero origen de mis conflictos, insatisfacciones y miedos, y el que me entrenó para dejar de alimentarlos.
Hoy dedico gran parte de mi tiempo a compartir lo que La Vida me ha permitido aprender.
Y puedo hacerlo precisamente porque logré liberarme de hábitos, relaciones y situaciones destructivas que antes ocupaban mi tiempo, mi energía y mi atención.
No necesitas adoptar una religión, una doctrina ni una teología.
Necesitas aprender a escucharte.
Necesitas darte la oportunidad de cuestionar tus creencias sin importar su origen.
Te invito a considerar esto:
«Si el precio que pagas por aferrarte a tu orgullo y a “tu verdad” son tu salud y tu felicidad, quizá estés equivocado respecto a lo que consideras valioso y digno de conservar».
Tú, yo y todos:
Podemos liberarnos del dolor y el resentimiento.
Y recuperar nuestra alegría y autoconfianza.
Podemos deshacer los juicios que nos enferman y nos dividen.
Y elegir disfrutar nuestra vida y nuestra libertad.
Podemos aprender a tratarnos con más respeto, amor y gratitud.
Y construir relaciones que lo reflejen.
Tú, yo y todos… podemos.
Pero es una decisión.
Una decisión que requiere compromiso contigo mismo.